Marruecos
Tánger, primer puerto
15.02.2009
Cual serpiente y encantador, no puedo sino caer otra vez en el hechizo de la música marroquí-andaluza, dulce e hipnótica, marcando el ritmo de nuestro recorrido por un vasto abanico de colores, sabores, olores y temores…
Luego de una soleada Navidad andaluza en Málaga, con algún que otro tímido primer encuentro con el misterio de un rostro oculto detrás del velo, e inesperadas inscripciones en árabe en las teclas del cajero automático, partimos en ferry a través del estrecho de Gibraltar hacia la ciudad portuaria de Tánger, al norte de Marruecos. Ya a bordo, los sonidos del español y el árabe comenzaron a mezclarse en nuestros oídos, y los jeans a confundirse con amplias túnicas y velos de todos colores. Los 50 kilómetros que separan Europa de África representaban ya una distancia inmensurable. Aún así, al salir del hotel y cruzar la calle, no dejaron de sorprendernos los camellos en la playa...
Negándose a la despedida de sus años de esplendor, Tánger se aferra, con sus balcones estilo Art Nouveau, exuberantes cafés y elegante rambla sobre el mar, a conservar el viejo encanto que alguna vez atrajo a artistas y escritores como Tennessee Williams y Truman Capote, entre otros, a instalarse en los años '50.
No nos faltó oportunidad para familiarizarnos también con uno de los sonidos que muy pronto formaría parte de nuestra rutina diaria: una voz inquebrantable, prolongada e intensa, que anuncia el inconfundible llamado al rezo. De acuerdo con la doctrina islámica, todos los fieles deben acudir a la mezquita cinco veces al día, (¡una de ellas a las tres de la mañana!), y posicionarse en dirección a la Meca durante la oración.
Luego de nuestra breve experiencia en Tánger, partimos al día siguiente en tren hacia Fez, la más antigua de las ciudades imperiales, trescientos kilómetros al sur. Ya comenzábamos a informarnos sobre algunos conceptos básicos de la organización urbana marroquí: la Medina o antigua ciudad amurallada, y la Ville Nouvelle, construida durante la época del protectorado Francés (1912-1956). Según la tendencia general, luego de la independencia de Francia, aquellos marroquíes de posición más acomodada se habían desplazado hacia estas ciudades modernas y trazadas al estilo colonial, con plazoletas, amplias calles y bulevares. Las antiguas ciudades, por el contrario, con sus estrechas calles serpenteantes e irregulares, quedaron entonces ocupadas por las poblaciones más pobres. Son por supuesto estas medinas las que conforman el mayor atractivo turístico de Marruecos, con lujosos alojamientos en forma de Riads (casas de dos o tres plantas con un patio central y habitaciones alrededor), que crean, junto a las suntuosas mezquitas y demás monumentos religiosos, un claro contraste con el resto de la ciudad.
Posted by Zol 16:08 Comments (0)