Fez
Dia 2
15.02.2009
A la mañana siguiente, nuestra primera visita, bajo la fiel escolta de Muhad, consistió en una de las tantas curtiembres artesanales de Fez. Si bien las prácticas de la industria no han cambiado demasiado en Marruecos durante el último milenio, no por ello ha el cuero marroquí perdido su exquisita calidad, que lo ubica entre los mejores del mundo, según da fe nuestro propio vocablo, la marroquinería. Una vez limpias, las pieles son introducidas en piletones, procesadas con soluciones que las transforman en cuero y teñidas con elementos naturales. Según las explicaciones del dueño (de las que el particular olor que reinaba en las instalaciones no nos dejó dudar), algunos de los principales elementos utilizados en este proceso son la caca de paloma y la orina de vaca. Los colores se extraen también de elementos naturales como el azafrán o la amapola. Mariano se compro una billetera hermosa, que por suerte poco a poco va perdiendo el olor a caca de paloma…
Fundada en el año 789 a la orilla del río Fez, la ciudad pronto se convirtió en el hogar de cientos de familias musulmanas expulsadas del sur de España. Este desarrollo impulsó a Fez a convertirse en una gran metrópolis, centro de la cultura y el conocimiento islámicos. Muchos de los monumentos de la cuidad han sido preservados y son hoy reconocidos como patrimonio de la UNESCO. Nuestra siguiente parada fue entonces la Medersa o escuela teológica Bou Inania, imponente por su suntuoso decorado y su característico minaret o torre. Las medersas eran establecimientos tanto religiosos como culturales, destinados al estudio de la religión, el derecho, la ciencia y el arte, que albergaban principalmente a estudiantes de las zonas rurales. Según la construcción tradicional, los cuartos de los estudiantes se sitúan alrededor de un patio central con su fuente, que a su vez conduce a la sala de rezo, con su entrada separada para hombres y mujeres.
Por la tarde, luego de un reparador almuerzo en la relativa tranquilidad de la Ville Nouvelle, volvimos a aventurarnos en la medina, ¡solos esta vez! Ingresamos ahora por la amplia esplanada a la entrada de la medina, que cuando no es utilizada para eventos religiosos, sirve activamente como campito de fútbol para los niños más pequeños; un respiro de las estrechas callecitas para poder jugar a otra cosa que no sea la escondida.
No sin cierto orgullo de aventurarnos sin ninguna tutela, pero aún conscientes de nuestra inferioridad ante los desafíos laberínticos, tomamos una de las dos calles principales y nos limitamos a seguirla, esforzándonos en recordar las notas mentales que nos ayudarían a retomar el camino correcto de regreso ante cada bifurcación. Así llegamos a la Mezquita Karaouiyine, que no pudo sino impactarnos por su grandeza, un verdadero e interminable oasis blanco y verde esmeralda en ese desierto de austeridad. La entrada permitida únicamente a musulmanes, rodeamos el edificio y saciamos nuestra curiosidad espiando por sus innumerables puertas. De repente, esa hipnótica voz: era hora de rezar y ya todos, hombres y mujeres, se aprestaban a entrar, cada uno por su correspondiente puerta, y arrodillarse para la oración diaria.
Esa noche nos esperaba un delicioso manjar tradicional en el riad, ¡con sólo siete entradas antes del plato principal! La cocina marroquí, una fusión de tradiciones andaluzas, árabes y bereber, se distingue esencialmente por el uso de una variedad de especias como el comino, el azafrán, el jengibre, la cúrcuma y la canela, entre las más comunes. El plato nacional es el tajine, que se sirve en una cazuela tapada, y puede ser de cerdo, cordero, carne vacuna o pollo. Mi preferido fue el de pollo, con aceitunas verdes y limón caramelizado, mientras que Mariano prefirió el kefta tajine, hecho a base de albóndigas. Otro plato obligado es el cuscús a los siete vegetales, o la clásica ensalada de zanahoria y naranja, ¡deliciosa!
Posted by Zol 4:06 PM





